Room for time - LAS VENTANAS PERMANECEN ABIERTAS MÁS TIEMPO

El verano tiene un efecto curioso en nuestros hogares. No porque los transforme, sino porque por fin nos da tiempo para darnos cuenta de ello.

Los libros pasan de la mesita de noche a la mesa del salón. Una silla sale al balcón, una mesa se alarga para dar cabida a algunas personas más. Las ventanas permanecen abiertas hasta tarde y la frontera entre el interior y el exterior se difumina. Los espacios parecen cambiar de función casi sin que nos demos cuenta, pero quizá sea simplemente nuestra forma de habitarlos la que ha cambiado.

Durante gran parte del año recorremos la casa siguiendo ritmos precisos.

Durante gran parte del año recorremos la casa siguiendo ritmos precisos. Nos desplazamos de una habitación a otra casi de forma automática, siguiendo las obligaciones del día. En verano, en cambio, el tiempo se ralentiza y la casa deja de ser solo el lugar por el que pasamos. Vuelve a ser el lugar en el que nos quedamos.


Durante gran parte del año, nos movemos por la casa. En verano, empezamos realmente a vivirla.


Quizá sea precisamente por eso por lo que algunas habitaciones adquieren un nuevo significado. No cambian los espacios, pero sí cambia el tiempo que pasamos en ellos. Nos damos cuenta de por dónde entra la luz por la tarde, de la silla en la que siempre acabamos leyendo, de la mesa alrededor de la cual se reúnen los amigos cuando pasan por casa sin avisar. Algunos espacios se vuelven de repente imprescindibles, mientras que otros, sencillamente, dejan de tener un papel. Es un cambio casi imperceptible, pero suficiente para que surja una idea diferente del hogar: menos ligada a las funciones, más cercana a los gestos cotidianos y al tiempo que decidimos dedicarle.

El verano no cambia la casa. Revela la forma en que la vivimos.

El verano no cambia la casa. Revela la forma en que la vivimos.
Es una perspectiva que también cambia la forma de concebir los espacios. Diseñar una casa no significa solo imaginar cómo se verá, sino cómo se vivirá. Tanto en los días ajetreados como en los tranquilos, durante el invierno como en las noches de verano que parecen no acabar nunca.

De esta idea nace el concepto de Room For. No es un espacio que imponga una única forma de vivirse, sino un entorno capaz de adaptarse a los ritmos de las personas y de dejar que sean sus hábitos los que definan su carácter.

Más que diseñar una composición, las colecciones para el salón de Alf DaFrè —y la nueva Day collection en particular— construyen un sistema abierto, en el que los muebles de almacenamiento, los elementos compositivos, los revestimientos de madera y las superficies pueden acompañar diferentes formas de vivir la casa a lo largo del tiempo. Porque un espacio bien diseñado no es aquel que responde a una función concreta, sino aquel que sigue funcionando cuando la vida cambia.